Carcassonne, hermosa villa fortificada del sur de Francia, dona también su nombre a uno de los juegos de tablero más populares y aclamados del mercado en la última década. La mecánica de Carcassonne, muy sencilla, se desarrolla por turnos, y el objetivo es la ocupación de territorios. Cada jugador (mínimo 2, máximo 6) coge una ficha al azar, la coloca en la zona del tablero que más le conviene, y si lo desea utiliza uno de sus 7 muñecos para ocuparla. Con las fichas se van construyendo los territorios -a saber: caminos, ciudades, monasterios y campos- que conquistamos con nuestros muñecos y que puntúan cada uno de forma diferente. Cuando se hayan colocado todas las piezas, la partida termina y el ganador será quien más puntos tenga.
Las reglas básicas del juego son sencillas:
- Cada pieza ha de encajar al menos en uno de sus cuatro lados con alguna de las que ya están colocadas sobre la mesa.
- Solo podemos situar un muñeco sobre la pieza que acabamos de colocar.
- Solo podemos situar un muñeco en un territorio desocupado.
En primer lugar, indispensable en un juego de estas características, es necesario poseer dotes estratégicas: ¡Solo dispones de 7 ciudadanos, úsalos con prudencia! Hay que saber en qué áreas conviene gastar más piezas, y qué otras no nos trae cuenta invertir nuestros turnos.
También conviene tener cierta habilidad social, ya que los pactos y las traiciones están a la orden del día. Si no tienes buena fama entre tus rivales, nadie querrá colaborar contigo en las grandes construcciones, o incluso intentarán a propósito boicotear las tuyas colocándote piezas difíciles de encajar. Es básico aliarse con otros jugadores para construir territorios muy grandes y compartir los puntos, pero esto a la larga puede ser un arma de doble filo si todos los jugadores no contribuyen por igual – vulgo parásito. Ejemplo común: Yo comparto amistosamente contigo una ciudad, pero luego empleo todas mis fichas en construirme otro territorio aparte en otra zona del tablero.
Es importante contar con visión espacial, para controlar perfectamente qué está sucediendo en las áreas donde tienes tus ciudadanos, sobre todo en la conquista de los campos o granjas. Dependiendo del número de piezas que se utilicen, el tablero puede llegar a ser muy grande, y resulta fácil despistarse un par de turnos y encontrarte con que te han invadido un territorio que ya considerabas seguro. Carcassonne es con frecuencia refugio de asaltadores y taimados bandoleros que no dudan en violar propiedades ajenas sin avisar.
Y por último, este juego requiere grandes dosis de adaptabilidad para amoldarse a las exigencias del tablero que se forma en tiempo real. Las reglas permanecen fijas desde el principio, pero el tablero cambia en cada partida y nos obliga a jugar cada vez de manera diferente. ¡Nunca se aprende a jugar del todo!
Si queremos disfrutar de este gran juego en nuestros ordenadores, no tenemos más que descargarlo y comenzar a disfrutar: Carcassonne para PC
Uno de los puntos fuertes de Carcassonne son sin duda sus expansiones, que alargan la vida del juego y dinamizan enormemente su desarrollo. El set básico consta de 72 fichas, pero podemos añadir piezas y reglas nuevas prácticamente a voluntad. Suele aparecer una expansión oficial por año, y por orden cronológico contamos las siguientes: Comerciantes y constructores, Posadas y catedrales, La torre, La princesa y el dragón, La corte, El conde y el rey, Abadías y alcaldes, La catapulta, Puentes y castillos, además de las dos mini-expansiones “El Río I” y “El Río II”. Cada expansión es un mundo y casi todas tienen fans incondicionales y enemigos acérrimos. Lo ideal es disponer de varias, y utilizarlas alternativamente para que el juego sea todavía más variado y menos monótono. No es recomendable utilizar más de 2 o 3 expansiones simultáneamente, salvo que todos los jugadores sean expertos y nos aprovisionemos de abundantes refrescos y chucherías en la despensa.
Y para rematar, dada la facilidad con la que se pueden crear fichas (no dejan de ser cuadraditos de cartón dibujados), circulan por la red cientos de expansiones y reglas “no oficiales” creadas por los propios fanáticos del juego: asedios, océanos, dragones verdes, bosques, fuegos, hurones y zarigüeyas… De hecho los proveedores de material específico (fichas en blanco, pinturas especiales, muñecos de madera) para crear piezas de Carcassonne literalmente se quedan sin existencias cada poco tiempo.
¿Alguien se resiste a echar una partida?
Se suele decir, que las tardes de los domingos, por norma general, son aburridas. Pero os puedo asegurar que con juegos como esté puedes pasar una agradable y divertida tarde de domingo (o cualquier otro día de la semana) con tus amigos.
Os confieso que, sin dudarlo, y tras haber jugado una sola vez a Carcassone, decidí a adquirir el juego. Aunque el que tengo ahora es otra edición, la llamada “Cazadores y Recolectores”. ¿Quién quiere echar una partida?
Ese habrá de los peces y los ciervos habrá que probarlo, digo yo.
Me encantan las traiciones y pactos (por ese orden). Le dan más vida a juegos como éste, y te obligan a estrujar todas tus neuronas (en lugar del cuello de tus rivales).
Junto al Risk, el Carcassonne es mi juego de mesa no friki favorito.
aquí alguno podría escribir una tesis sobre parasitismo, saqueo y mimetización de peones en la construcción de ciudades, así de paso compartimos conocimientos con los menos iniciados en el juego.
Yo conozco este juego hace relativamente poco pero desde la primera partida me enganchó y ahora en cuanto hay una ocasión echamos un par de partidas, poco a poco voy aprendiendo más y ya voy teniendo en cuenta todas las fichas que se ponen en el tablero, sobre todo la de los campos, ya no es tan fácil derrotarme!
Te falta por tener más en cuenta la del ciudadano grande jejeje
El ciudadano grande no me gustó, se ve muy mal y es muy fácil que te “roben un campo o una megaciudad con el muñequito dichoso” prefiero los contructores o las catedrales, para mí es más divertido, sobre todo si te plantan una catedral terminando el juego en una ciudad con muchos puntos (y consigues cerrarla).
que te terminen una catedral al final del juego nunca es divertido
(((
Y no hay que olvidarse de las maravillosas extensiones, como El Dragón y La Torre, que te obligan a replantear tu estrategia numerosas veces durante la partida.
A ti casualmente las que más te gustan son las que sirven para destruir y quitar muñecos del medio xD
El dragón creo que está infrautilizado, y la extensión de la torre para mi tiene un inconveniente: aglutina mucho protagonismo y se “come” al resto de reglas… no es muy compatible con otras expansiones. Para mí el escenario ideal para usar la torre es usar muchas piezas (2-3 expansiones más para que las 18 piezas de torre no se coman todo el tablero y haya cierta libertad de movimiento) pero no añadir reglas adicionales.
El dragón quizás le añada un factor excesivamente aleatorio (que vaya de un lado a otro del tablero es doloroso); pero así evita el monopolio de los campos.
La Torre es genial, ya que una vez puesta la primera pieza, el que se arriesgue a poner muñecos en horizontal o vertical (respecto a una torre), o simplemente los ponga en los bordes del tablero, tiene muchas papeletas de perder muñecos.
Coincido contigo: tablero grande, La Torre y poco más… Bueno, algo que no viene en el juego y considero vital: reloj de arena, porque los turnos eternos hacen aburrido el juego y son fuente de conflictos que desembocan en rupturas de pactos xD
Yo pondría reloj de arena de 30 segundos, pasado ese tiempo si no has puesto pieza se te pasa el turno.
Pues nada, a buscar un reloj de arena para la próxima partida y ya de paso a ver si juego con la torre y el dragón que aún no he tenido oportunidad.
Lo del reloj de arena hay que buscarlo, si alguien tiene uno a mano que nos lo diga jejeje.
¿Para cuándo una torre?
Hace bastante tiempo que no juego, diría que ya casi que me he olvidado de las reglas de las expansiones. Este es uno de esos juegos que va un poco por etapas, lo mismo te tiras dos meses seguidos jugando cada día, llevándotelo incluso de viaje para poder echar una partidilla “rápida”, que luego estás hasta casi la hora de los churros, que lo dejas un poco aparcado en un cajón. Entiendo que el fin del juego necesite “machacar” al contrario, pero nunca me ha gustado esta forma de jugar, prefiero la parte táctica sin destruir al rival. Por ahí hay gente que sólo se dedica a fastidiar sin importar si va a ganar o no.
Jejeje y tú qué opinas del reloj de arena? ¡Manifiéstate!
Hombre, a mi lo del reloj de arena me daría igual si se da más tiempo, porque soy de los que suelen tardar bastante rato. Me gusta ver todas las opciones posibles y esto requiere tiempo, jeje.
Buen juego el Carcassone, especialmente cuando te curten el lomo. Esencialmente, esa es la forma de aprender a jugar, que te curtan el lomo a base de bien.
Por cierto, lo del reloj, me parece muy mala idea, jejeje, a mí me haría polvo, y no ganaría ni una partida.
Bueno, todo es acostumbrarse. Usted y yo tenemos unas partidas pendientes junto al Colonos de Catán, verdad? A ver si cuando pasen estas fechas nos organizamos un dominguito.
Es muy posible que tengamos alguna partidilla por ahí pendiente, pero no solamente a los juegos que relacionas, sino a otros más que no me voy a poner a relacionarlos, xD
nada nada, hay que acostumbrarse a pensar las jugadas entre turno y turno como el ajedrez jejeje
Bienvenido al blog señor Willson!